Sus edificios se convierten a menudo en centros comunitarios y lugares espirituales para pueblos que han sufrido pérdidas y destrucción: ha ocurrido en Ruanda, Turquía, India, China, Italia, Haití y en su propio país, Japón.
Con estas palabras, entre otras, el jurado motivó la concesión al arquitecto Shigeru Ban del Pritzker Architecture Prize 2014, el premio instituido en 1979 y considerado el Nobel de la arquitectura.
Declara el arquitecto japonés, considerado el anti-archistar: «Recibir este premio es un gran honor, pero debo seguir escuchando a las personas para las que trabajo, tanto en mis encargos residenciales privados como en mi trabajo social en casos de catástrofe».
Michael Kimmelman declaraba en 2007 en el New York Times: «Sus obras son aireadas, exuberantes, armoniosas»; un posmoderno con un toque de poeta e inventiva proyectual. Todos ellos elementos que también se aprecian en la manilla Moon diseñada en 2010 para Olivari.
Como un maestro del tameshigiri – el difícil arte japonés del corte con espada –, Ban revela la esencia del objeto con un gesto fulminante, un acto de representación instantánea que en las artes tradicionales japonesas es la síntesis de la belleza: pero la mano debe ser firme y la mente, despejada.



