
Guilloché
Joyas para la casa
El guilloché es una técnica decorativa de grabado realizada con máquinas especiales que, guiadas manualmente, generan un patrón preciso, intrincado y repetitivo sobre el material de base.
El grabado realizado a mano, por su naturaleza, se presta a una decoración libre, naturalista y siempre variada.
El grabado realizado con las máquinas de guillochar, en cambio, resulta preciso y repetitivo, pero al mismo tiempo es muy expresivo: el operador puede expresar su propia creatividad, en función de su experiencia técnica y su sensibilidad estética, pudiendo construir una infinidad de patrones diferentes variando los parámetros de elaboración.





El origen exacto de las primeras máquinas no se conoce con certeza. Es posible que tengan paternidad suiza, quizás por obra de un ingeniero francés llamado Guillot.
Los primeros ejemplos de cajas de reloj trabajadas con esta técnica llevan grabado el año 1624. La introducción efectiva en el sector de la relojería se remonta a 1786, cuando Abraham-Louis Breguet comienza a utilizarla para decorar las esferas y las cajas de sus relojes. Esta técnica experimenta una extraordinaria popularidad en el siglo XIX, sobre todo gracias a la obra de Peter Carl Fabergé.


Por primera vez, Olivari se ha dedicado únicamente a la superficie, a su valorización, cuando habitualmente la nuestra es una investigación sobre los volúmenes, sobre sus respectivas proporciones, sobre el acabado estético y las prestaciones de las superficies, pero no precisamente sobre su caracterización.
La decoración que nos pareció más interesante y más en sintonía con nuestra manera de entender el diseño fue el guilloché, por su capacidad de hacer «viva» la superficie, mediante la interacción del signo geométrico con la luz, una especie de vibración que se percibe al desplazar el punto de vista, como se hace al acercarse y agarrar la manilla.
Profundizando en los aspectos tecnológicos de esta particular decoración, descubrimos un mundo paralelo al nuestro, típicamente industrial: el de la alta artesanía, del trabajo todavía manual que utiliza fascinantes máquinas del siglo pasado y que exige al operador una experiencia y una sensibilidad muy elevadas, que se afinan con los años.

La serie de manillas Diana y Atena, y las decoraciones Damier, Barley, Chevron, Rank, Ligne y Panier son el fruto de una larga investigación para alcanzar un dominio del grabado guilloché.
Partir de la historia, de la de los motivos decorativos a la de las técnicas de producción, nos ha llevado a este resultado, que nos gusta pensar abierto a nuevos desarrollos.


