
Stilo 2001
Cuando, en 2001, hablé de manillas con Enzo Mari, me explicó con mucha determinación que ya teníamos muchos modelos en catálogo, que no debíamos querer producir otros nuevos, que éramos esclavos de la lógica comercial, que era un consumismo forzado, que ser una empresa de diseño exigía otra actitud… En un momento dado, en cambio, me preguntó qué más podíamos querer después de casi 100 años de manillas. Le respondí que fabricábamos internamente y que podíamos poner a disposición nuestra experiencia para acompañar al proyectista en el desarrollo de sus ideas.
Le expliqué cómo se desarrollaba el ciclo de producción y qué tecnologías teníamos. Le despertó mucha curiosidad; comprendí que le gustaba «hacer», no solo teorizar. Se despidió diciéndome que lo pensaría. Un mes después me mostró algunos prototipos. Los modelos de madera estaban descompuestos según su función, se podían obtener con mecanizados y ensamblar fácilmente. Había ideas muy interesantes.
Antonio Olivari

Re-composición
Sin embargo, cuando decide concentrarse en reducir al mínimo el proceso de producción, Mari ya ha desarrollado una investigación en la que pone a prueba una larga serie de formas posibles. Según su forma típica de proceder, descartando progresivamente alternativas, construye a mano una serie de modelos de madera que corta, perfila y pega para comprobar la fuerza perceptiva del resultado formal. Es un largo recorrido en direcciones diferentes, que normalmente queda oculto en el momento en que las muchas razones del proyecto conducen a una elección definitiva, pero es también el único capaz de representar la fuerza del proyecto como razonamiento: un punto clave del diálogo entre el diseñador y la fábrica, entre imaginación y realidad contingente, entre proyecto y producto.
Francesca Picchi

